Año I • Edición No. 1lunes, 31 de agosto de 2026

LA ESCANDALERA

Análisis, teoría política y pensamiento contemporáneo

Adoctrinar al niño

Por Roberto Pérez Pastor18 de diciembre de 20252 min de lectura

En nuestro tiempo, la Navidad ya no es un relato de paz, sino de supervivencia.

Generated image


Dicen que María murió en el último bombardeo; no se encontró su cuerpo. José fue torturado hasta la muerte, en un banco de carpintero, acusado de colaborar con el enemigo que hasta ese momento había sido su vecino, con el que había compartido tantas y tantas veces mesa y celebraciones.

Rescatamos al niño, aún vivo, de entre los escombros. Lo protegía el cadáver de un buey.

A nuestra espalda, las estelas de los misiles que siguen cayendo sobre Belén iluminan nuestro camino y nos empujan a alcanzar un destino que no elegimos.

Huimos a través del desierto, camino de Egipto, con la esperanza de saltar desde ahí a Europa. Nos siguen de lejos tres jefes de Estado que dicen ser magos y diplomáticos. Cargan cofres de oro. Pretenden comprar al niño.

Si logramos cruzar a Europa, con suerte el niño crecerá en un centro para menores no acompañados, donde será adoctrinado en que la dignidad no se compra y que los derechos no se heredan: se garantizan; que nadie se salva solo; que todos somos iguales, mujeres y hombres, y debemos disponer de las mismas oportunidades; que nuestro mayor tesoro es el otro; que la libertad sin justicia es un privilegio; que la propiedad nunca puede estar por encima de la vida; y que la solidaridad no es caridad, sino una forma de organización social.

A los 12 años estará ya dando lecciones y a los 30 muchos lo verán como un mesías.

Le espera un futuro incierto. Siempre ocurre lo mismo con quienes encarnan una esperanza: primero se les escucha, luego se les teme y finalmente se les convierte en mártires para poder usar su nombre sin tener que obedecer su mensaje.

Mientras lo sostengo en brazos, en mitad del desierto, con el eco de las explosiones al fondo, deseo que la paz de su sueño invada todos nuestros hogares y que esta sea duradera. Y que no renunciemos jamás a la esperanza, esa que no consuela, no absuelve y no promete finales felices, pero nos impide aceptar la injusticia como destino.

¡¡Feliz Navidad!!

0 lectores han recomendado este ensayo
Compartir:

Comentarios y debate

0 intervenciones

Cargando sistema de comentarios...

Pensamiento crítico sin ruido mediático

Si buscas reflexiones sobre los desafíos de la democracia, la izquierda y la política contemporánea, recibe cada nuevo ensayo de La Escandalera directamente en tu correo.

Sin spam ni algoritmos. Puedes darte de baja en cualquier momento con un solo clic.

Adoctrinar al niño — La Escandalera