Año I • Edición No. 1lunes, 31 de agosto de 2026

LA ESCANDALERA

Análisis, teoría política y pensamiento contemporáneo

Disonancia Cognitiva

Por Roberto Pérez Pastor15 de junio de 20243 min de lectura
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𝗟𝗲𝗼𝗻 𝗙𝗲𝘀𝘁𝗶𝗻𝗴𝗲𝗿 fue un prestigioso psicólogo social que desarrolló la 𝘁𝗲𝗼𝗿𝗶́𝗮 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗱𝗶𝘀𝗼𝗻𝗮𝗻𝗰𝗶𝗮 𝗰𝗼𝗴𝗻𝗶𝘁𝗶𝘃𝗮 para tratar de determinar o explicar cómo las personas tratan de mantener la coherencia entre sus pensamientos, sentimientos y comportamientos.

La 𝗱𝗶𝘀𝗼𝗻𝗮𝗻𝗰𝗶𝗮 𝗰𝗼𝗴𝗻𝗶𝘁𝗶𝘃𝗮 hace referencia a un posible e𝗲𝘀𝘁𝗮𝗱𝗼 𝗱𝗲 𝘁𝗲𝗻𝘀𝗶𝗼́𝗻 𝗼 “𝗱𝗲𝘀𝗮𝘀𝗼𝘀𝗶𝗲𝗴𝗼” 𝗲𝗻 𝗲𝗹 𝘀𝗶𝘀𝘁𝗲𝗺𝗮 𝗱𝗲 𝗽𝗲𝗻𝘀𝗮𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼 𝗱𝗲 𝗹𝗮𝘀 𝗽𝗲𝗿𝘀𝗼𝗻𝗮𝘀, de sus emociones, al que se llega cuando un comportamiento, un determinado suceso o idea, entra en conflicto con sus creencias; influyendo, en ocasiones, de manera determinante en sus actitudes y desencadenando una serie de mecanismos cognitivos y comportamentales para reducir esa tensión.

Un ejemplo muy básico: todos tenemos la creencia de la importancia de ser honesto, pero en algún momento de nuestras vidas nos hemos visto en la situación de tener que mentir. Para resolver la tensión de esa contradicción desplegamos una serie de estrategias como la de trivializar la importancia, por ejemplo repitiéndonos que “todo el mundo lo hace” o la de cambiar nuestras creencias “en ocasiones es justificable mentir”.

Este proceso de 𝗱𝗶𝘀𝗼𝗻𝗮𝗻𝗰𝗶𝗮 𝗰𝗼𝗴𝗻𝗶𝘁𝗶𝘃𝗮 no se da de manera exclusivamente individual, 𝘁𝗮𝗺𝗯𝗶𝗲́𝗻 𝗲𝘀 𝘂𝗻 𝗳𝗲𝗻𝗼́𝗺𝗲𝗻𝗼 𝗴𝗿𝘂𝗽𝗮𝗹. La disonancia cognitiva puede manifestarse en un grupo 𝗰𝘂𝗮𝗻𝗱𝗼 𝘀𝘂𝘀 𝗺𝗶𝗲𝗺𝗯𝗿𝗼𝘀 𝗰𝗿𝗲𝗲𝗻 𝗳𝗶𝗿𝗺𝗲𝗺𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗲𝗻 𝘀𝘂 𝗰𝗮𝗽𝗮𝗰𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗮𝗹𝗰𝗮𝗻𝘇𝗮𝗿 𝗲𝗹 𝗲́𝘅𝗶𝘁𝗼 𝘆 𝘀𝗶𝗻 𝗲𝗺𝗯𝗮𝗿𝗴𝗼 𝗲𝗻 𝗹𝗮 𝗿𝗲𝗮𝗹𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗻𝗼 𝗱𝗲𝗷𝗮𝗻 𝗱𝗲 𝗲𝘅𝗽𝗲𝗿𝗶𝗺𝗲𝗻𝘁𝗮𝗿 𝗱𝗲𝗿𝗿𝗼𝘁𝗮𝘀. Esa discrepancia entre el éxito esperado y la evidencia de las derrotas genera una tensión psicológica, la disonancia cognitiva, que les lleva a ejecutar una serie de mecanismos orientados la reducción de esa tensión, entre otros:

* 𝗧𝗿𝗶𝘃𝗶𝗮𝗹𝗶𝘇𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝗱𝗲 𝗹𝗮𝘀 𝗱𝗲𝗿𝗿𝗼𝘁𝗮𝘀,, por ejemplo “hemos perdido en las europeas y la nacionales, pero hemos ganado en las municipales y autonómicas”

* 𝗥𝗲𝗶𝗻𝘁𝗲𝗿𝗽𝗿𝗲𝘁𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝗱𝗲 𝗹𝗼𝘀 𝗿𝗲𝘀𝘂𝗹𝘁𝗮𝗱𝗼𝘀 presentar las derrotas como victorias, por ejemplo: «Hemos ganado en la mayoría de los municipios» / “hemos ganado el plebiscito”

* 𝗔𝗻̃𝗮𝗱𝗶𝗿 𝗰𝗶𝗿𝗰𝘂𝗻𝘀𝘁𝗮𝗻𝗰𝗶𝗮𝘀 𝗾𝘂𝗲 𝗹𝗼 𝗷𝘂𝘀𝘁𝗶𝗳𝗶𝗾𝘂𝗲𝗻 por ejemplo «la abstención»

* 𝗥𝗲𝗳𝗼𝗿𝘇𝗮𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼 𝗱𝗲 𝗰𝗿𝗲𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮𝘀 𝗽𝗼𝘀𝗶𝘁𝗶𝘃𝗮𝘀: por ejemplo «Somos el partido favorito de Asturias»

Este proceso de racionalización de la derrota, estos mecanismos, si bien no cambian la realidad, contribuyen a 𝗿𝗲𝗱𝘂𝗰𝗶𝗿 𝗹𝗮 𝘁𝗲𝗻𝘀𝗶𝗼́𝗻 𝘆 𝗰𝗼𝗻𝘀𝘁𝗿𝘂𝘆𝗲𝗻 𝘂𝗻𝗮 𝗻𝗮𝗿𝗿𝗮𝘁𝗶𝘃𝗮 que ha de ser aceptada y promovida por todos los miembros del grupo de manera que, a la vez que se fortalece y retroalimenta el sentido de pertenencia, se 𝗲𝘅𝗰𝗹𝘂𝘆𝗲 𝗮 𝗾𝘂𝗶𝗲𝗻𝗲𝘀 𝗱𝗲 𝗶𝗴𝘂𝗮𝗹 𝗺𝗼𝗱𝗼 𝘀𝘂𝗳𝗿𝗲𝗻 𝗹𝗮 𝗱𝗲𝗿𝗿𝗼𝘁𝗮 𝗽𝗲𝗿𝗼 𝗻𝗼 𝗰𝗼𝗺𝗽𝗮𝗿𝘁𝗲𝗻 𝗱𝗲𝗹 𝘁𝗼𝗱𝗼 𝗲𝗹 𝗿𝗲𝗹𝗮𝘁𝗼 al ver fisuras en los términos y el desarrollo de la ecuación; sobre todo, a la luz de los resultados, en la parte que hace referencia a la capacidad del grupo para alcanzar el éxito.

Cuando los análisis se hacen desde una visión excesivamente optimista y distorsionada de la realidad, donde cualquier resultado se interpreta como victoria, 𝘀𝗲 𝗰𝗼𝗻𝗱𝗲𝗻𝗮 𝗮𝗹 𝗲𝗾𝘂𝗶𝗽𝗼 𝗮 𝘂𝗻 𝗲𝘀𝘁𝗮𝗱𝗼 𝗽𝗲𝗿𝗺𝗮𝗻𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗱𝗲 «𝘁𝗿𝗶𝘂𝗻𝗳𝗮𝗹𝗶𝘀𝗺𝗼 𝗶𝗿𝗿𝗮𝗰𝗶𝗼𝗻𝗮𝗹”; un contexto donde los proyectos dejan de ser atractivos al no percibirse de forma realista sus logros y donde la capacidad deja paso a la prepotencia y la arrogancia.

𝗦𝘂𝗿𝗴𝗲 𝗹𝗮 𝗻𝗲𝗰𝗲𝘀𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗱𝗲 𝗵𝗮𝗰𝗲𝗿 𝘂𝗻 𝗮𝗻𝗮́𝗹𝗶𝘀𝗶𝘀 𝗺𝗮́𝘀 𝗿𝗶𝗴𝘂𝗿𝗼𝘀𝗼 donde se conjuguen además de interpretaciones teóricas, acciones prácticas y efectivas que en un proyecto empresarial, por buscar una analogía con la política, pueden comenzar por el cambio de un gerente o la renovación del consejo de administración.

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