La postura intencional

Estamos en el salón, sentados en el sofá disfrutando de la lectura, cuando alguien entra, se sienta a nuestro lado, toma el mando y pone la sexta: pesadilla en la cocina.
Podríamos explicar esta conducta de dos maneras:
𝟏.- 𝐃𝐞𝐬𝐝𝐞 𝐞𝐥 𝐩𝐮𝐧𝐭𝐨 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐟𝐢́𝐬𝐢𝐜𝐚: un cuerpo en un movimiento uniformemente acelerado, coincide en el espacio tiempo con el mando, en reposo y ejerce una presión entre 0,5 y 2 Newtons sobre un taquito de goma con el número 6, provocando la emisión de una onda, fuera de espectro visible y audible que hace que en la televisión se sintonice la sexta, mostrando a Chicote en plena autopsia a una croqueta.
𝟮.- 𝗗𝗲𝘀𝗱𝗲 𝗲𝗹 𝗽𝘂𝗻𝘁𝗼 𝗱𝗲 𝘃𝗶𝘀𝘁𝗮 𝗶𝗻𝘁𝗲𝗻𝗰𝗶𝗼𝗻𝗮𝗹: Ese alguien cogió el mando y puso la sexta, porque quería ver a Chicote sacando cucarachas de una despensa.
La segunda explicación es lo que se conoce como 𝗹𝗮 𝗽𝗼𝘀𝘁𝘂𝗿𝗮 𝗶𝗻𝘁𝗲𝗻𝗰𝗶𝗼𝗻𝗮𝗹, un recurso que nos permite comprender el comportamiento que observamos, nos permite 𝗶𝗻𝗳𝗲𝗿𝗶𝗿 que a quien vemos ejecutar la acción, actúa con un propósito que obedece a una intención.
𝗟𝗮𝘀 𝗶𝗻𝘁𝗲𝗻𝗰𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀 𝗻𝗼 𝗯𝗿𝗼𝘁𝗮𝗻 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗻𝗮𝗱𝗮, 𝗻𝗮𝗰𝗲𝗻 𝗺𝗼𝗱𝘂𝗹𝗮𝗱𝗮𝘀 𝗽𝗼𝗿 𝗹𝗮𝘀 𝗰𝗿𝗲𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮𝘀, por las ideas que tenemos acerca del mundo que nos rodea; las creencias también son el espejo donde se miran nuestros más profundos deseos.
Las creencias podríamos decir que finalmente son las que 𝗰𝗼𝗻𝗱𝗶𝗰𝗶𝗼𝗻𝗮𝗻 𝗻𝘂𝗲𝘀𝘁𝗿𝗼 𝗰𝗼𝗺𝗽𝗼𝗿𝘁𝗮𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼, la intención podemos verla como la estrategia (consciente o inconsciente) para conseguir aquello que deseamos y 𝗹𝗮 𝗮𝗰𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝗲𝗹 𝗮𝗰𝘁𝗼 𝗳𝗶́𝘀𝗶𝗰𝗼 𝗼𝗯𝘀𝗲𝗿𝘃𝗮𝗯𝗹𝗲 𝘆 𝘁𝗮𝗻𝗴𝗶𝗯𝗹𝗲, que como tal 𝘁𝗲𝗻𝗱𝗿𝗮́ 𝘂𝗻𝗮𝘀 𝗰𝗼𝗻𝘀𝗲𝗰𝘂𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮𝘀 satisfactorias o no para nuestros deseos.
𝗟𝗮𝘀 𝗰𝗼𝗻𝘀𝗲𝗰𝘂𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮𝘀 𝘀𝗼𝗻, 𝗽𝘂𝗲𝘀, 𝗲𝗹 𝗽𝗿𝗼𝗱𝘂𝗰𝘁𝗼 𝗱𝗲 𝘂𝗻𝗮 𝗮𝗰𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝗲𝗷𝗲𝗰𝘂𝘁𝗮𝗱𝗮 𝗰𝗼𝗻 𝘂𝗻 𝗽𝗿𝗼𝗽𝗼́𝘀𝗶𝘁𝗼 𝗴𝘂𝗶𝗮𝗱𝗼 𝗽𝗼𝗿 𝘂𝗻𝗮𝘀 𝗶𝗻𝘁𝗲𝗻𝗰𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀, 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝘀𝗮𝘁𝗶𝘀𝗳𝗮𝗰𝗲𝗿 𝘂𝗻𝗼𝘀 𝗱𝗲𝘀𝗲𝗼𝘀 𝗱𝗲 𝗮𝗰𝘂𝗲𝗿𝗱𝗼 𝗮 𝘂𝗻𝗮𝘀 𝗰𝗿𝗲𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮𝘀.
En este mundo 𝗹𝗮𝘀 𝗰𝗼𝗻𝘀𝗲𝗰𝘂𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮𝘀 𝗰𝗼𝗻𝗳𝗼𝗿𝗺𝗮𝗻 𝗹𝗼𝘀 𝗵𝗶𝗹𝗼𝘀 𝗾𝘂𝗲 𝘃𝗮𝗻 𝘁𝗲𝗷𝗶𝗲𝗻𝗱𝗼 𝗲𝗹 𝘁𝗮𝗽𝗶𝘇 𝗱𝗲 𝗻𝘂𝗲𝘀𝘁𝗿𝗮𝘀 𝗿𝗲𝗹𝗮𝗰𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀 en la manera que a unos, las mismas consecuencias, otorgan beneficio y en otros ocasiona perjuicio porque atentan directamente contra sus creencias, contra sus deseos, inhiben sus intenciones e impiden o entorpecen el curso de sus acciones mermando sus derechos y libertades.
𝗗𝗲 𝗹𝗮𝘀 𝗱𝗲𝘀𝗶𝗴𝘂𝗮𝗹𝗱𝗮𝗱𝗲𝘀 𝗴𝗲𝗻𝗲𝗿𝗮𝗱𝗮𝘀,, del producto de las acciones individuales, 𝗻𝗮𝗰𝗲𝗻 𝗹𝗼𝘀 𝗰𝗼𝗹𝗲𝗰𝘁𝗶𝘃𝗼𝘀 que se agrupan en base a unas creencias de carácter general, a unos deseos o metas comunes y canalizan sus intenciones y propósitos a unas acciones de cuyas consecuencias se beneficiarán, en función de lo aportado, todos sus integrantes..
𝗟𝗼𝘀 𝘃𝗮𝗹𝗼𝗿𝗲𝘀 𝗻𝗲𝗼𝗹𝗶𝗯𝗲𝗿𝗮𝗹𝗲𝘀 𝗾𝘂𝗲 𝗵𝗮𝗻 𝗽𝗲𝗿𝗺𝗲𝗮𝗱𝗼 𝗻𝘂𝗲𝘀𝘁𝗿𝗮 𝘀𝗼𝗰𝗶𝗲𝗱𝗮𝗱, debilitan los colectivos y las organizaciones en el sentido de que las fuerzas o motivaciones que unen a los individuos no van más allá de la expectativa del beneficio individual, de la recompensa inmediata que se percibe del resultado de los actos, las intenciones no tienen porque coincidir y 𝗲𝗻 𝗺𝗮𝘁𝗲𝗿𝗶𝗮 𝗱𝗲 𝗰𝗿𝗲𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮𝘀: 𝗻𝗮𝗺𝗮𝘀𝘁𝗲́, 𝗲𝗹 𝗹𝗲𝗺𝗮 𝗲𝘀 “𝗰𝗼𝗷𝗲𝗺𝗼𝘀 𝘁𝗼𝗱𝗼𝘀”.
𝗘𝗹 𝗽𝗿𝗶𝗻𝗰𝗶𝗽𝗶𝗼 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗱𝗲𝘀𝗶𝗻𝘁𝗲𝗴𝗿𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝗱𝗲 𝗹𝗼𝘀 𝗴𝗿𝘂𝗽𝗼𝘀 𝗰𝗼𝗺𝗶𝗲𝗻𝘇𝗮, cuando de los resultados de las acciones no se obtiene proporcionalmente el beneficio esperado por parte de los actores dando paso a que se comiencen a cuestionar las intenciones y aparezcan las primeras discrepancias; de la suma de las discrepancias se deducirá que lamentablemente las creencias no coinciden y que la interpretación del mundo no es la misma y la cohesión del grupo se diluye.
Aunque la libertad y los derechos pueden tener una dimensión individual en cuanto a su ejercicio, percibir estos exclusivamente desde el punto de vista de su disfrute es un sesgo del que se aprovechan determinadas corrientes de pensamiento que anteponen en última instancia la libertad a la igualdad, es el inicio de la competencia entre iguales, es el “divide y vencerás”. 𝗟𝗮 𝗹𝗶𝗯𝗲𝗿𝘁𝗮𝗱 𝘆 𝗹𝗼𝘀 𝗱𝗲𝗿𝗲𝗰𝗵𝗼𝘀 son procesos dinámicos y colectivos que 𝘀𝗲 𝗰𝗼𝗻𝗾𝘂𝗶𝘀𝘁𝗮𝗻 𝘆 𝗺𝗮𝗻𝘁𝗶𝗲𝗻𝗲𝗻 𝗮 𝘁𝗿𝗮𝘃𝗲́𝘀 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗹𝘂𝗰𝗵𝗮 𝘀𝗼𝗰𝗶𝗮𝗹 para la transformación del sistema y 𝘀𝗼𝗻 𝗹𝗮 𝗰𝗼𝗻𝘀𝗲𝗰𝘂𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮 𝘂́𝗹𝘁𝗶𝗺𝗮 𝗱𝗲 𝗻𝘂𝗲𝘀𝘁𝗿𝗮𝘀 𝗰𝗿𝗲𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮𝘀.
𝗟𝗮 𝗽𝗼𝘀𝘁𝘂𝗿𝗮 𝗶𝗻𝘁𝗲𝗻𝗰𝗶𝗼𝗻𝗮𝗹 𝗻𝗼𝘀 𝗱𝗶𝗰𝗲 𝗾𝘂𝗲 𝘁𝗼𝗱𝗮 𝘃𝗶𝗰𝘁𝗼𝗿𝗶𝗮 𝗰𝗼𝗺𝗶𝗲𝗻𝘇𝗮 𝗽𝗼𝗿 𝗰𝗼𝗺𝗽𝗮𝗿𝘁𝗶𝗿 𝗰𝗿𝗲𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮𝘀 y creedme que contrariamente a lo que algunos piensan y defienden, 𝗮𝘂𝗻𝗾𝘂𝗲 𝗲𝗹 𝗲𝘀𝗽𝗮𝗰𝗶𝗼 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗰𝗿𝗲𝗱𝗼𝘀 𝗲𝘀 𝗶𝗻𝗳𝗶𝗻𝗶𝘁𝗼, 𝗲𝗻 𝗱𝗲𝘁𝗲𝗿𝗺𝗶𝗻𝗮𝗱𝗮𝘀 𝗹𝘂𝗰𝗵𝗮𝘀 𝗵𝗮𝘆 𝗾𝘂𝗲 𝗱𝗲𝗹𝗶𝗺𝗶𝘁𝗮𝗿𝗹𝗼, sin complejos… del mismo modo que algunos a unos prometen el cielo y a otros nos condenan al infierno
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