Año I • Edición No. 1lunes, 31 de agosto de 2026

LA ESCANDALERA

Análisis, teoría política y pensamiento contemporáneo

Narratio Intermissa: la política interrumpida

Por Roberto Pérez Pastor17 de noviembre de 20255 min de lectura

Los grupos de la oposición interrumpen su propio relato cuando renuncian a ofrecer alternativas y ceden, así, la narrativa al poder.

Salón de Plenos de Oviedo en votación presupuestaria.

La aprobación de un presupuesto municipal, contrariamente a lo que muchos piensan o quieran hacernos creer, no es un mero trámite contable, es el acto político más relevante del año. Un presupuesto es un relato de ciudad, es el espejo de un futuro, que se construirá, a quien o que se priorizará y cómo y con qué objetivos se distribuirán los recursos.

Ante un ejercicio de poder simbólico y material de tal magnitud, la oposición tiene la obligación democrática (ética y moral) de confrontar, fiscalizar y proponer con rigor. No hacerlo implica dejar intacta la narrativa oficial y aceptar que la única historia posible para una ciudad (como por ejemplo la de Oviedo) es la que se redacta desde el despacho del alcalde.

Cualquier proceso de cambio social lleva dos tiempos. Skinner, como pensador funcional del comportamiento humano, ya apuntó en su momento que las conductas no se modifican únicamente con el castigo: este tan solo debilita, interrumpe pero no ofrece alternativa nueva. Para que se produzca un aprendizaje, un cambio, es necesario acompañar el castigo o la crítica de una alternativa. Sin el segundo tiempo, la ciudadanía se queda en tierra de nadie: frustrada, escéptica y desmovilizada.

Sin abandonar aún el terreno de la psicología, Petty y Cacioppo desarrollaron el Modelo de Probabilidad de Elaboración (ELM) para explicar cómo cambian las actitudes y por qué algunas formas de persuasión generan convicción y otras solo cansancio. Según este modelo, las personas procesan la información a través de dos rutas: una ruta central, basada en argumentos sólidos, alternativas tangibles y una visión de futuro capaz de sostener un cambio real de opinión, y una ruta periférica, que opera desde las emociones inmediatas, el rechazo y las señales superficiales. Cuando la política se limita a transitar, tan solo, por la ruta periférica, sin propuestas claras ni alternativas, lejos de generar convicción alguna, se acumula frustración, desafección y un sentimiento creciente de vacío político.

Ya en el plano sociológico, Albert Hirschman (economista, antifascista y firme defensor del reformismo práctico frente a los modelos teóricos vacíos) explicó que cuando una institución se deteriora las personas pueden optar por tres respuestas: alzar la voz (voice) para expresar su crítica y tratar de corregir el rumbo, marcharse (exit) cuando la desafección se impone, o mantener la lealtad (loyalty) mientras existan alternativas que permitan reconducir la situación. Cuando la voz crítica no viene acompañada de propuestas reales y de un horizonte de cambio creíble, no fortalece la lealtad: la erosiona, y al no percibir ninguna alternativa política, la ciudadanía y militancia se deslizan directamente hacia la desafección, un territorio estéril donde la crítica ya no impulsa transformación alguna, solo distancia y abandono.

La enmienda a la totalidad de cualquier grupo de la oposición puede llegar a ser un diagnóstico certero y técnicamente solvente, pero su fuerza se debilita si no va acompañada de propuestas propias. Una crítica que no construye un relato alternativo, ni ofrece a la ciudadanía un horizonte distinto al que se quiere corregir, es narratio intermissa, un “relato interruptus”. Si desde la oposición se renuncia a disputar la narrativa y únicamente se limita al desacuerdo global, el debate queda reducido a un “no” que ni convoca ni ilusiona. Y este vacío (entre la crítica certera y la falta de alternativa) puede interpretarse, según el marco desde el que se mire, como una renuncia involuntaria al mandato recibido o como una forma de representación disminuida, incapaz de traducir en propuestas la voluntad de quienes votaron por un cambio.

Cuando la oposición renuncia a formular alternativas y se limita a la crítica global, no solo incumple el mandato que recibió de quienes confiaron en ella para ofrecer un proyecto distinto: además fortalece al gobierno, que se queda como el único actor con un plan visible y el único relato en marcha. Sin propuesta propia, no se muestra lo que podría funcionar, se denuncia el presente, pero no se convoca a un futuro posible. Y en este vacío narrativo no se generan adhesiones ni se construyen mayorías sociales capaces de sostener y sustanciar el cambio. Se refuerza, por el contrario, la hegemonía institucional del alcalde y su equipo de gobierno y la desafección de una ciudadanía y una militancia que no encuentra un horizonte progresista al que mirar.

Las enmiendas parciales no son un trámite secundario, sino el instrumento que convierte un proyecto político en decisiones concretas: revelan prioridades, demuestran solvencia y muestran cómo sería un gobierno alternativo en cualquier municipio, también en Oviedo. Solo propuestas claras, cuantificadas y viables permiten a la oposición disputar el marco político y presentarse y ser visualizados por la ciudadanía y militancia como alternativa real y preparada para gobernar.

Las enmiendas parciales conectan con la ciudadanía porque ponen rostro a las políticas: hablan a los jóvenes sin vivienda, a las familias vulnerables, a los barrios olvidados y a la zona rural invisibilizada y obligan al contrario a retratarse ante ellas; mantienen el interés y focalizan el futuro que esperan a quienes confían su voto por un cambio.

Limitarse a una enmienda a la totalidad, es ejercer una política coja: crítica, pero no construye; señala, pero no transforma. Cualquier municipio, también Oviedo, que aspire a un futuro más justo, desde la bancada progresista, máximo cuando se está en la oposición, no basta con negar la realidad desde la trinchera, es necesario exponerse. proponer y contraponer ideas y mapas, como segundo tiempo para lograr el cambio y ganar el partido.

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