Año I • Edición No. 1lunes, 31 de agosto de 2026

LA ESCANDALERA

Análisis, teoría política y pensamiento contemporáneo

Pensamiento y voto

Por Roberto Pérez Pastor11 de noviembre de 20244 min de lectura

Mucho de lo que conocemos sobre el desarrollo humano se lo debemos a 𝗝𝗲𝗮𝗻 𝗣𝗶𝗮𝗴𝗲𝘁

Mucho de lo que conocemos sobre el desarrollo humano se lo debemos a 𝗝𝗲𝗮𝗻 𝗣𝗶𝗮𝗴𝗲𝘁; padre entregado y sin duda con algún rasgo psicópata en su personalidad que le permitía poner en práctica el distanciamiento emocional necesario con sus hijos para tomarlos como cobayas en sus observaciones y estudios.

El hecho de que el alcance de sus competencias experimentales, se limitasen sólo al hogar, puede ser una explicación plausible de porqué su teoría del desarrollo termina abruptamente en el inicio de la adolescencia, con el desarrollo del 𝗽𝗲𝗻𝘀𝗮𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼 𝗳𝗼𝗿𝗺𝗮𝗹, una etapa donde los individuos, por norma general, suelen mandar a paseo a sus padres, hecho que haría prácticamente imposible seguir sacando conclusiones con cierta validez empírica (cualquiera que haya sido padre o madre seguro que me entiende).

El caso es que ese pensamiento formal que él describe cuya adquisición comienza a partir de los 11 o 12 años y se va conformando o madurando hasta los 18 aproximadamente, es el que nos permite pensar de manera abstracta y sistemática, pensar de una manera hipotética deductiva, resolver problemas, concebir ideas complejas.

Que Piaget no pudiese seguir elucubrando sobre el desarrollo cognitivo de las personas más allá de la adolescencia, no quiere decir que todo termine ahí, en el pensamiento formal, y que este sea la madre de toda nuestra producción cognitiva y la mejor herramienta para manejarnos por el mundo.

Mientras él se esforzaba en poner orden a sus ideas, la comunidad científica discutía si se zanjaba ahí el desarrollo cognitivo o si por el contrario seguía evolucionando. Y fue 𝘂𝗻𝗮 𝗺𝘂𝗷𝗲𝗿, 𝗝𝗮𝗻 𝗦𝗶𝗻𝗻𝗼𝘁𝘁, la que apuntó hacia una nueva dimensión en el desarrollo cognitivo adulto, introduciendo el concepto de 𝗽𝗲𝗻𝘀𝗮𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼 𝗽𝗼𝘀𝘁𝗳𝗼𝗿𝗺𝗮𝗹 como una etapa adicional más allá de las operaciones formales de Piaget y 𝗹𝗮 𝘀𝗶𝗴𝘂𝗶𝗲𝗿𝗼𝗻 𝗼𝘁𝗿𝗼𝘀 𝗮𝘂𝘁𝗼𝗿𝗲𝘀 𝗰𝗼𝗺𝗼, 𝗚𝗶𝘀𝗲𝗹𝗮 𝗟𝗮𝗯𝗼𝘂𝘃𝗶𝗲-𝗩𝗶𝗲𝗳, , también mujer y 𝗿𝗲𝗳𝗲𝗿𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗱𝗲𝘀𝘁𝗮𝗰𝗮𝗱𝗼 del estudio del pensamiento adulto o 𝗟𝗮𝘄𝗿𝗲𝗻𝗰𝗲 𝗞𝗼𝗵𝗹𝗯𝗲𝗿𝗴 volcado al estudio del razonamiento moral.

Bueno, el caso es que, aunque discutido, 𝗻𝘂𝗲𝘀𝘁𝗿𝗼 𝗽𝗲𝗻𝘀𝗮𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼 𝘀𝗲 𝘀𝗶𝗴𝘂𝗲 𝗱𝗲𝘀𝗮𝗿𝗿𝗼𝗹𝗹𝗮𝗻𝗱𝗼 𝘆 𝗮𝗱𝗾𝘂𝗶𝗿𝗶𝗲𝗻𝗱𝗼 𝗵𝗮𝗯𝗶𝗹𝗶𝗱𝗮𝗱𝗲𝘀 𝗼 𝗱𝗲𝘀𝘁𝗿𝗲𝘇𝗮𝘀 como el 𝗽𝗲𝗻𝘀𝗮𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼 𝗱𝗶𝗮𝗹𝗲́𝗰𝘁𝗶𝗰𝗼 indispensable para reconocer y reconciliar ideas opuestas; 𝗲𝗹 𝗿𝗲𝗹𝗮𝘁𝗶𝘃𝗶𝘀𝗺𝗼 𝗰𝗼𝗴𝗻𝗶𝘁𝗶𝘃𝗼 que frente al pensamiento absoluto del adolescente es capaz de reconocer los contextos y las múltiples facetas, puntos de vista, que tiene la realidad; 𝗹𝗮 𝗶𝗻𝘁𝗲𝗴𝗿𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝗱𝗲 𝗲𝗺𝗼𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝘆 𝗿𝗮𝘇𝗼́𝗻 un superpoder que nos permite a los adultos tomar decisiones sopesando razones y emociones; 𝗵𝗮𝗯𝗶𝗹𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝘁𝗿𝗮𝗯𝗮𝗷𝗮𝗿 𝗰𝗼𝗻 𝗽𝗿𝗼𝗯𝗹𝗲𝗺𝗮𝘀 que no tienen una solución clara o estructurada, ambiguas; y sobre todo la capacidad no solo de resolver problemas, capacidad que viene de serie con el pensamiento formal, sino también 𝗹𝗮 𝗰𝗮𝗽𝗮𝗰𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗱𝗲 𝗮𝗻𝘁𝗶𝗰𝗶𝗽𝗮𝗿𝘀𝗲 𝘆 𝗳𝗼𝗿𝗺𝘂𝗹𝗮𝗿 𝗼𝘁𝗿𝗼𝘀 𝗻𝘂𝗲𝘃𝗼s.

Que la cosa del pensamiento, no esté madura a los 16 y siga evolucionando, parece tener su razón más allá del mero torrente hormonal. La neurociencia apunta que 𝗹𝗮 𝗰𝗼𝗿𝘁𝗲𝘇𝗮 𝗽𝗿𝗲𝗳𝗿𝗼𝗻𝘁𝗮𝗹 𝗱𝗲𝗹 𝗰𝗲𝗿𝗲𝗯𝗿𝗼, esa que nos facilita el juicio, la planificación y el control inhibitorio (𝗱𝗲𝗰𝗶𝘀𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀, 𝗼𝗿𝗱𝗲𝗻, 𝗲𝘀𝘁𝗿𝗮𝘁𝗲𝗴𝗶𝗮 𝗲 𝗶𝗺𝗽𝘂𝗹𝘀𝗼𝘀) 𝘀𝗶𝗴𝘂𝗲 𝗲𝗻 𝗱𝗲𝘀𝗮𝗿𝗿𝗼𝗹𝗹𝗼 𝗵𝗮𝘀𝘁𝗮 𝗹𝗮 𝗮𝗱𝘂𝗹𝘁𝗲𝘇 𝘁𝗲𝗺𝗽𝗿𝗮𝗻𝗮 (aproximadamente los 25 años) 𝘆 𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗿𝗮𝘀 𝗺𝗮𝗱𝘂𝗿𝗮 𝗹𝗮 𝗰𝗼𝗿𝘁𝗲𝘇𝗮 que pone a punto reflejos esenciales en nuestra existencia, 𝘀𝗼𝗺𝗼𝘀 𝗺𝘂𝘆 𝘃𝘂𝗹𝗻𝗲𝗿𝗮𝗯𝗹𝗲𝘀 𝘀𝗼𝗰𝗶𝗮𝗹𝗺𝗲𝗻𝘁𝗲, susceptibles la influencia de pares y figuras carismáticas o autoritarias que sin duda condicionan nuestra autonomía y la calidad de nuestras decisiones. También mientras dura ese proceso de maduración se tiende a 𝗶𝗻𝘁𝗲𝗿𝗽𝗿𝗲𝘁𝗮𝗿 𝗹𝗮𝘀 𝘀𝗶𝘁𝘂𝗮𝗰𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀 𝗱𝗲 𝗺𝗮𝗻𝗲𝗿𝗮 𝗽𝗼𝗹𝗮𝗿𝗶𝘇𝗮𝗱𝗮 𝗼 𝗲𝘅𝘁𝗿𝗲𝗺𝗮𝗱𝗮𝗺𝗲𝗻𝘁𝗲 𝘀𝗶𝗺𝗽𝗹𝗶𝗳𝗶𝗰𝗮𝗱𝗮 y eso sin tener en cuenta los estudios que muestran que el 𝗰𝗼𝗻𝗼𝗰𝗶𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼 𝗰𝗶́𝘃𝗶𝗰𝗼 𝘆 𝗽𝗼𝗹𝗶́𝘁𝗶𝗰𝗼, mientras la cosa madura, suele ser 𝗹𝗶𝗺𝗶𝘁𝗮𝗱𝗼 a causa de la falta de experiencia, información y comprensión de temas económicos, históricos o políticos.

A la vista de este relato, a todos nos parece de lo más lógico que la economía en nuestros hogares, la lleven los adultos y no los adolescentes…

𝗬 𝘁𝗼𝗱𝗼 𝗲𝘀𝘁𝗲 𝗿𝗼𝗹𝗹𝗼 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗱𝗲𝗰𝗶𝗿𝗼𝘀 𝗾𝘂𝗲 𝗺𝗶 𝗣𝗦𝗢𝗘, en la Ponencia Marco del 41 Congreso, en su párrafo 333, 𝗽𝗿𝗼𝗺𝗲𝘁𝗲 𝗺𝗼𝗱𝗶𝗳𝗶𝗰𝗮𝗿 𝗹𝗮 𝗟𝗢𝗥𝗘𝗚 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗾𝘂𝗲 𝗹𝗮𝘀 𝘆 𝗹𝗼𝘀 𝗺𝗲𝗻𝗼𝗿𝗲𝘀 𝗱𝗲 𝗲𝗱𝗮𝗱 𝗺𝗮𝘆𝗼𝗿𝗲𝘀 𝗱𝗲 𝟭𝟲 𝗮𝗻̃𝗼𝘀 𝗱𝗶𝘀𝗳𝗿𝘂𝘁𝗲𝗻 𝗱𝗲𝗹 𝗱𝗲𝗿𝗲𝗰𝗵𝗼 𝗮 𝘃𝗼𝘁𝗼.

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