Año I • Edición No. 1lunes, 31 de agosto de 2026

LA ESCANDALERA

Análisis, teoría política y pensamiento contemporáneo

Profanar la pobreza

Por Roberto Pérez Pastor21 de octubre de 20253 min de lectura

La izquierda no necesita santos ni redentores, sino estructuras justas y políticas valientes que devuelvan poder a quienes fueron convertidos en objeto de compasión.

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La pobreza y la exclusión que se deriva de ella, son uno de los pocos problemas universales que reconocen todas las ideologías y credos. Tanto la derecha como la izquierda, como la iglesia tienen un discurso para los pobres, para atajar la pobreza. Podríamos hablar de consenso pero nada más lejos. Se identifica el problema sí, pero se ataja desde marcos morales y políticos totalmente opuestos.

Para la iglesia, la doctrina cristiana, la pobreza tiene una dimensión espiritual, se asocia a la humildad, al sacrificio y la moral del sufrimiento. Habréis escuchado muchas veces eso de los pobres son el tesoro de la iglesia . La caridad aparece como virtud -y con los tiempos que corren, al alcance de unos pocos- y justo por eso no cuestiona el orden social, todo lo contrario lo sostiene, entre los que dan (los virtuosos) y los que reciben (los pobres).

Apuntábamos en otros textos como Weber explicaba cómo el capitalismo, y por extensión en el presente, el neoliberalismo, se legitimaba en simbiosis con una moral religiosa. Fruto de esa simbiosis, inspirada en esa tradición moral, la derecha ofrece sus políticas que lejos de ser transformadoras, se erigen en paliativas y asistenciales, basadas en las ayudas puntuales y la filantropía. El objetivo de cualquier discurso de pobreza con estos tintes y referencias lejos de buscar justicia, busca mantener el estado sólido de la pirámide social. La caridad no busca justicia, busca equilibrio moral y caer en su trampa es la forma más sofisticada que tienen las fuerzas conservadoras de mantener las jerarquías sin remordimientos de conciencia.

Desde la izquierda siempre hemos visto la pobreza no como una virtud sino como una injusticia social estructural; no hay virtud ni dolor, sino relaciones de poder y desigualdad. Frente a la caridad, se propone el Estado del Bienestar (vivienda, trabajo, derechos sociales, servicios públicos y universales como la sanidad y la educación). Frente a la moral del sacrificio, la dignidad material y política, la justicia redistributiva y la igualdad de oportunidades reales. Estos postulados no los leeréis en ninguna Encíclica Papal, están prendidos en el corazón de muchas ciudadanas y ciudadanos progresistas y en las resoluciones congresuales de nuestro partido.

Usar la retórica cristiana como inspiración de lucha contra la pobreza, es una profanación de nuestro ideario que nos empuja al lado más miserable de la ética porque la visión moralista y paliativa del lado conservador despolitiza y neutraliza el poder de la persona al presentar al pobre como objeto pasivo de compasión y anularlo como sujeto político. Incluso cuando desde estas moralinas se hace autocrítica, se hace sin abandonar el marco doctrinal: la pobreza se lamenta y se condena, pero el sistema prevalece y esta se perpetúa.

La caridad calma conciencias pero la justicia social cambia estructuras. Cuando se busquen referentes y liderazgos para el cambio, aguzad bien el oído no sea que por no percibir correctamente los himnos de libertad, acabéis encadenados o arrodillados.

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