Año I • Edición No. 1lunes, 31 de agosto de 2026

LA ESCANDALERA

Análisis, teoría política y pensamiento contemporáneo

Respiración y democracia

Por Roberto Pérez Pastor10 de noviembre de 20253 min de lectura

La izquierda permanece en apnea mientras la democracia se queda sin oxígeno. Solo una izquierda que recupere el aire y la iniciativa podrá evitar que el silencio vuelva a sellar los espacios.

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Todos necesitamos respirar. La respiración es un acto de dos tiempos (inhalación y espiración) que va más allá de la oxigenación celular. No es solo un mero proceso biológico, trasciende al plano cognoscitivo al mantener el equilibrio entre dentro y fuera, el interior y el exterior, entre el yo y el mundo. El proceso de la respiración es un sinónimo de vida, de movimiento, de evolución.

Todo lo vivo respira. También la historia; se expande y se contrae, inspira en cada revolución y espira en los periodos de decadencia. La suma de todos los individuos, de todos los que respiramos conforman nuestra sociedad: un diafragma histórico, un músculo liso, a fuer de objetivo e invisible que impulsa y marca las pausas de los movimientos y ciclos colectivos. Inspiración y espiración, revolución y decadencia.

Oswald Spengler, filósofo ateo alemán del siglo pasado, ya dejaba entrever que la historia tiene su propia fisiología, que las culturas y las civilizaciones eran comparables a entes biológicos, con su propio ciclo y esperanza de vida, con su propia respiración.

Estas semanas se cumplen 50 años de la última espiración lenta y agónica del aire viciado y tóxico de una época de represión incapaz de sostener vida. Un ciclo opresor, lejos de inspirador, que allanaba con sangre la disidencia y condenaba al silencio cualquier discrepancia. Y con el último estertor, comenzaba a tomar aire la democracia, aireando y oxigenando cada capa de la sociedad y poco a poco el silencio fue abandonando los espacios y el aire limpio impulsando nuestro pensamiento a un estado de euforia transformadora que convirtió una España de grises en un mapa de colores y libertad.

Franco exhalaba y comenzaba a inspirar la democracia.

Este acto de oxigenación trajo consigo la igualdad ante la ley, la educación pública y obligatoria, la sanidad universal y la libertad de pensamiento y de creación cultural. Con la socialdemocracia como catalizador, se forjó un contexto donde se desterró el miedo y la censura y se conquistaron derechos. El concepto de democracia trascendió al voto y, como el oxígeno, permeó a todo el tejido social y cultural, a las aulas, a los barrios, a los puestos de trabajo…

Hoy la democracia parece haber iniciado su ciclo de espiración, exhala un aire enrarecido por los discursos de odio, la desinformación y la polarización. Este diafragma de sociedad que conformamos todos, exprime el pulmón de la democracia y escupe un aire agotado de oxígeno, viciado, que tensa el cuerpo político y favorece y alimenta el pensamiento anaerobio de la derecha.

Mientras, la izquierda se rinde al populismo y practica la apnea; aguanta la respiración en un intento desesperado por detener el curso de la respiración y congelar el ciclo. El resultado es un espacio social y político hipoxiado, incapaz de inspirar nuevas ideas más allá de lo paliativo, donde “las cosas de la vida” se suceden, donde la ciudadanía, confusa, tiene difícil orientarse y su pensamiento, ante la falta de oxígeno, entra en un estado de ensoñación que transforma los viejos miedos en nostalgia. Una pasividad que nos arrastra a todas y a todos a una nueva etapa de autoritarismo y retroceso.

Ningún organismo sobrevive sin respirar. La conquista de los derechos, la democracia siempre ha venido de la mano de los movimientos sociales que conforman la base de la pirámide social. El pensamiento conservador siempre ha ejercido desde el individualismo un papel de parásito de la riqueza material e intangible que traen consigo los avances sociales y culturales; arenando procesos y contaminando el aire con discursos retrógrados y violencia, aunque solo sea en la omisión de socorro.

Lejos de practicar la apnea, las fuerzas progresistas y de izquierda deberían ejercitar su capacidad pulmonar y seguir tomando aire. Necesitamos hiperventilar para seguir transformando, antes de que el silencio vuelva a sellar los espacios.

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