Año I • Edición No. 1lunes, 31 de agosto de 2026

LA ESCANDALERA

Análisis, teoría política y pensamiento contemporáneo

Volver a hacer política

Por Roberto Pérez Pastor12 de julio de 20265 min de lectura

Sobre lo que estas primarias ponen en juego y lo que llevamos ya demasiado tiempo administrando.

Nadie se va de la agrupación dando un portazo. No hay ruptura, cartas ni broncas finales. Hay militantes que un día calculan cuánto tiempo les costará una reunión y qué podrá decidirse en ella, y concluyen que no compensa. No se marchan porque hayan dejado de creer en el socialismo. Se alejan porque la organización ha ido dejando de ser el lugar donde se decide y ellos lo advirtieron antes que nosotros.

Hannah Arendt entendía la acción política como la capacidad de iniciar algo nuevo en un mundo compartido y de actuar junto a otros. La política no consiste únicamente en gestionar lo existente, sino en hacer aparecer posibilidades que antes no estaban disponibles. Esa capacidad no pertenece a nadie en particular: surge en el espacio que se abre entre quienes actúan en común.

El espacio así creado no se posee; se ejerce y no se conserva cerrándolo, sino usándolo. Cuando deja de utilizarse, no permanece intacto esperando tiempos mejores; se apaga. Y los síntomas los percibimos todos: la gente no discute peor, deja de discutir; no se enfrenta a las decisiones, deja de esperarlas. La sala no se vacía porque la militancia haya cambiado. Se vacía porque ya no encuentra nada que hacer dentro.

Nuestra agrupación lleva demasiado tiempo haciendo política municipal de muros adentro. Dentro de palacio se han contado fuerzas, preservado posiciones, tejido alianzas y administrado una oposición que todavía no ha conseguido construir una mayoría social capaz de recuperar la ciudad. Durante años hemos mantenido el perímetro, cada vez con mayor dificultad, pero no hemos avanzado. Conservar la estructura, contra lo que suele pensarse, no siempre protege un proyecto. A veces lo vacía lentamente.

La retirada de quien parecía destinado a encabezar de nuevo el proyecto y el relevo accidentado en el liderazgo del proyecto o la alternativa concebida desde arriba han dejado a la vista lo que ya estaba allí: la ausencia de dirección política compartida. Hay nombres, cargos, posiciones y posibles sucesiones, pero sigue sin construirse una respuesta suficientemente clara a las preguntas principales: para qué queremos gobernar y qué ciudad distinta estamos dispuestos a construir.

Mientras discutíamos nuestros equilibrios, Oviedo continuó acumulando problemas. La pobreza, el envejecimiento, la insuficiencia de vivienda pública y las desigualdades entre barrios no han recibido dentro de la agrupación la misma atención minuciosa que dedicamos a nuestras correlaciones internas. Hemos aprendido a contar avales con una precisión que rara vez aplicamos a contar cuántos vecinos y vecinas han dejado de esperar de nosotros una respuesta a sus problemas.

Hay candidaturas que se presentan para ocupar un espacio y otras que se presentan para abrirlo. La de Almudena pertenece, a mi juicio, a las segundas. Su aparición obliga a plantear preguntas que podían haber permanecido ocultas bajo una sucesión acordada: qué modelo de ciudad defendemos, qué relación queremos mantener con los barrios, cómo reconstruimos la organización, cómo recuperamos a la militancia ausente y qué mayoría social aspiramos a representar.

Almudena no ofrece únicamente la posibilidad de abrir ese debate. Aporta experiencia institucional, conocimiento de las políticas públicas, trayectoria profesional fuera de los cargos y una idea reconocible de ciudad. Un Oviedo que atienda la vida cotidiana, combata las desigualdades, cuide sus barrios y parroquias rurales y vuelva a pensar la acción municipal desde las necesidades de las personas. No propone empezar de cero, sino empezar de otro modo.

Su candidatura también da forma política a un malestar que permanecía disperso: el cansancio de una parte de la militancia, la distancia de quienes dejaron de participar, la sensación de que el debate había sido sustituido por la administración de las inercias y la convicción de que no basta con esperar el desgaste del Partido Popular para volver a gobernar Oviedo. Y ese malestar está convirtiéndose en acción política sin toques de silbato: de compañera a compañero, de militante a militante, de igual a igual.

Lo nuevo nunca llega completamente garantizado. Si tuviera que demostrar de antemano que vencerá, que no producirá incomodidad y que será aceptado por quienes administran el presente, no sería un comienzo, sino una continuación. Por eso no toda discrepancia divide ni toda alternativa debilita. En nuestro caso, la división ya existía y adopta la forma silenciosa de sillas vacías, de voces ausentes y de una militancia cada vez más alejada de la toma de decisiones. A esta candidatura le corresponde precisamente lo contrario: sumar, reincorporar y devolver a la agrupación la capacidad de construir, más allá de sus muros, un proyecto compartido y reconociblemente socialista para Oviedo.

No se trata de conquistar el partido, sino de devolverlo a la ciudad. De sacar el proyecto socialista y situarlo de nuevo en las calles, los barrios, las asociaciones y las preocupaciones cotidianas. Dejar de contemplar Oviedo desde dentro de la organización y volver a construir la organización desde la realidad de sus vecinos y vecinas.

Dar ese paso exige abandonar la cómoda creencia de que la continuidad equivale a conservar la capacidad de gobernar. La experiencia nos demuestra lo contrario. Se pueden mantener cargos, equilibrios y posiciones mientras se pierde lentamente el vínculo con la ciudad, hasta terminar convertidos en testigos del relato político que construyen otros.

Y todo esto es, en último término, lo que estas primarias ponen en juego. No solo quién encabezará una candidatura, sino si continuaremos administrando el espacio en el que llevamos demasiado tiempo instalados o recuperaremos la capacidad de ampliarlo, de abrir uno nuevo desde el que llevar a cabo nuestro proyecto.

La candidatura de Almudena representa esa posibilidad. Con vuestros avales habéis abierto la puerta. El domingo 19 se vota. Ahora nos corresponde decidir si seguimos administrando la ausencia o recuperamos, por fin, la capacidad de hacer política.

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