Año I • Edición No. 1lunes, 31 de agosto de 2026

LA ESCANDALERA

Análisis, teoría política y pensamiento contemporáneo

La gestión del tiempo en la extinción del pensamiento político

Por Roberto Pérez Pastor8 de agosto de 20253 min de lectura

En política, cada respuesta que no llega o llega tarde, modela el desapego y deja vía libre a narrativas ajenas.

A todos nos suena el nombre de Skinner. Skinner se llamaba el jefe de Mulder y Scully en su devenir entre Expedientes X y también el entrañable y reprimido director de la escuela de Springfield hogar de los Simpsons. Pero el Skinner que hoy nos ocupa es Burrhus Frederich Skinner, B.F. Skinner, uno de los padres o catalizadores de la escuela conductista en psicología, creador del concepto teórico del condicionamiento operante que junto con la noción del condicionamiento clásico introducido por el descuartizador de canes y tañedor de campanas, Pavlov, busca explicar la génesis de la conducta humana.

Skinner, el psicólogo, determinó que el tiempo que transcurre entre una conducta y su consecuencia (sea un premio o un castigo) es un factor determinante para la eficacia del aprendizaje. Este intervalo temporal, que se define como latencia del reforzamiento, condiciona la fuerza de asociación entre la conducta y su consecuencia. Tras muchos “puteos“ a ratas y a algún que otro voluntario, entre descargas eléctricas y golosinas, determinó que cuanto más breve es ese intervalo de tiempo, más fuerte es la asociación y más probable es que la conducta se repita.

En otras palabras y de manera gruesa, si la consecuencia de un acto o conducta llega tarde, la persona no puede establecer una relación clara entre lo que se hizo y lo que pasó, dando lugar a un aprendizaje débil o inconsistente incluso, llegado el caso, darse la extinción de la conducta por ser intrascendente para la persona.

En un contexto político no cambia mucho la cosa, los tiempos de latencia y las respuestas de los líderes de los partidos políticos, de las corrientes de opinión, de los que dicen representarnos, actúan como determinantes que refuerzan, debilitan o extinguen las formas de participación o de identificación de la ciudadanía con los principios y valores que se ponen en juego durante el discurso.

Cuando se ponen en el arena política determinadas cuestiones en tiempos de crisis, ante un ataque o demanda social, la respuesta ha de ser rápida, clara y coherente; si es ambigua o tarda en llegar se erosiona el vínculo, la cohesión del grupo y la militancia, si hablamos de un partido político, pierde la confianza y lo que es peor la ciudadanía percibe esas respuestas como irrelevantes al llegar tarde y seguramente descontextualizadas.

La relevancia política consiste en el manejo rápido de las variables que dan coherencia al mensaje y la oportunidad de respuesta. La militancia y el electorado no se heredan, se cultivan y como todo aprendizaje lleva implícito un condicionamiento y los factores que lo refuerzan son la claridad, la consistencia y contingencia.

Pensar mucho las cosas, practicar la ambigüedad en el discurso y responder a tiempo pasado, evidencia una falta de reflejos comunicativos, desdibuja y menoscaba la representación y debilita, además, las posibilidades del proyecto político de consolidarse como una opción legítima y reconocible ante el electorado.

En el terreno político, el silencio prolongado, las respuestas que se postergan o se ofrecen de forma ambigua, son oportunidades que se pierden para reforzar la identificación y la adhesión y se da pie a que esos silencios sean ocupados por otros. Cuando la respuesta llega tarde, en política (también en la municipal), simplemente no se llega.

Los tiempos en política no solo moldean conductas, dan forma al pensamiento, a lo que Lakoff define como marcos mentales; la demora en las respuestas políticas permite que otros actores ocupen y modelen sobre el vacío ese espacio simbólico; se pierde la capacidad de reforzar una narrativa propia y esto trae consigo la pérdida de influencia sobre el electorado, cunde la desafección y el desapego que lamentablemente se sustancia en tiempo electoral en voto de castigo, abstención o giro ideológico.

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